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Uno de los puntos de
mayor interés para el que se inicie en la afición de la Astronomía
suele ser la orientación en la esfera celeste: cómo observar objetos
cuya posición conocemos previamente a partir de un atlas, o deducir la
posición aproximada del objeto que estamos observando, para
identificarlo. Para localizar los objetos celestes necesitaremos un
sistema de coordenadas. Conociendo las coordenadas del astro podremos
identificarlo en el cielo, ya sea directamente mediante círculos
graduados de nuestro telescopio o indirectamente mediante cartas celestes que todos se encuentran a la misma
distancia.
La localización de un objeto
celeste en el cielo requiere únicamente conocer la orientación que
debemos dar a nuestro telescopio, ya que para verlo no necesitamos saber
la distancia a la que se encuentra. Por este motivo se introduce
el concepto de esfera celeste: una esfera imaginaria de radio arbitrario
centrada en el observador, sobre la cual se proyectan los cuerpos
celestes.
Los sistemas de coordenadas que vamos a
emplear en la esfera celeste serán parecidos a los utilizados para
definir posiciones sobre la superficie terrestre: sistemas de coordenadas
esféricas. En la superficie terrestre se emplea la longitud y la latitud
terrestre.
Según el centro que se tome en la
esfera celeste, existen tres clases de esferas:
1.Esfera celeste local
(topocéntrica): Tiene por centro el ojo del observador. Es la que contemplamos,
en un instante dado vemos una mitad de esta esfera, la que está sobre
nuestro horizonte.
2.Esfera celeste geocéntrica:
Tiene
por centro a la Tierra.
3.Esfera celeste heliocéntrica:
Tiene por centro el Sol.
Según las apariencias, la
Tierra parece estar inmóvil, mientras a su alrededor giran todos los
cuerpos celestes aproximadamente en 24 horas.
Si se utiliza como origen de
referencia el sistema topocéntrico, en el cual se considera a un
observador ocupando el centro del Universo, se comprueba que el Sol, la
Luna, los planetas y las estrellas giran alrededor nuestro.
Estos objetos celestes se ven
moverse de Este a Oeste dando la sensación de que es la bóveda celeste
la que está girando alrededor de la Tierra, cuando en realidad es la
Tierra la que gira alrededor de su propio eje, en sentido Oeste-Este.
Si contemplamos las estrellas
durante horas veremos un movimiento común sin cambiar la figura de las
constelaciones. Las estrellas que están hacia el Este, se elevan; las que
están hacia el Sur se mueven hacia el Oeste, y las que están hacia el
Oeste bajan hacia el horizonte hasta desaparecer. Solamente es la estrella
Polar la que aparentemente no gira, pero en realidad si efectúa un giro
completo, tan pequeño que a ojo desnudo nos parece que está quieta.
Tomando como punto fijo de
orientación la estrella Polar, se reconoce que todo el movimiento común
de las estrellas se realiza en un sentido contrario al de las agujas del
reloj (sentido directo).
Si nos fijamos en el lugar que
ocupa en el cielo una constelación dada a una hora determinada (por
ejemplo la Osa Mayor a las 10 de la noche en la estación invernal), al día
siguiente a la misma hora, no nos damos cuenta y nos parece que está en
el mismo sitio, pero realmente cada día adelanta casi 4 minutos, es el
denominado día sideral, cuyo valor es exactamente 23 horas, 56 minutos,
4.091 segundos), lo que equivale a un arco de 1º. Cada 15 días adelanta
1 hora, que equivale a un arco de 15º, entonces el aspecto del cielo ya
no es el mismo, y a los seis meses, la Osa Mayor la encontraremos en la
posición opuesta, llegando al mismo punto de origen otros seis meses
después. Sucederá lo mismo con las demás constelaciones. Esto nos
demuestra que la Tierra se desplaza alrededor del Sol y al cabo de un año
vamos viendo las distintas constelaciones. Veamos en esta animación los
movimientos aparentes de las constelaciones circumpolares alrededor del
Eje del mundo o Polo Norte Celeste.

PLANISFERIO DE LA BOVEDA CELESTE
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Uno de los principales problemas de los observadores noveles del cielo
nocturno es el aprender la posición de las estrellas que se pueden
observar en la bóveda celeste.
Un planisferio es la representación de la esfera celeste en una
superficie plana. Su origen es muy antiguo. Su uso de basa en la falsa
creencia de que aparentemente la Tierra está en el centro del
Universo, y es la bóveda celeste el que gira alrededor nuestro. El
cielo nocturno sobre nuestras cabezas tiene la forma de una enorme cúpula,
sobre la cual, segundo a segundo y de este a oeste, parece que se van
moviendo las estrellas. El objetivo final del planisferio será el de
indicarnos, a todas las horas del día y todos los días del año, qué
objetos celestes son lo que se podrían ver en el cielo y cuáles están
oculto ante nuestra vista.
El planisferio en sí es la lámina inferior, y contiene dibujadas en
su superficie todas las estrellas visibles a lo largo del año. El límite
del círculo suele coincidir con el ecuador celeste pero es más
habitual con estrellas situadas algunos grados más hacia el sur.
El planisferio se centra en la estrella Polar.
Partes del planisferio.-
I) Una externa, donde se halla toda una serie de círculos concéntricos
que nos facilitan la información necesaria. Esta se divide, de fuera
hacia el interior, en:
En la parte más externa están marcadas las constelaciones
zodiacales, en sentido contrario a las agujas del reloj.
Un círculo interior a éste último divide el cielo del planisferio
en 360º (el campo perteneciente a cada signo zodiacal es de 30º).
Dibujados en el sentido de las agujas del reloj.
El siguiente círculo está dividido en 24 horas, dibujados en el
sentido de las agujas del reloj.
Los dos siguientes círculos se corresponden, el primero, con los
meses del año mientras que el segundo a los días de cada mes, también
en el sentido de las agujas del reloj. Los meses están separados
entre sí en franjas de 30º y están colocados de la forma que el 21
de marzo coincida con el Punto Aries.
II) Una parte central (dentro del círculo de los días) donde figuran
las estrellas.
Los paralelos nos indican la declinación de las estrellas (el ecuador
celeste está marcado en 0º), y los meridianos nos indican la ascensión
recta de los cuerpos celestes. El Planisferio se basa en el sistema
ecuatorial.
La lámina superior sirve para determinar qué estrellas se pueden ver
en un momento dado desde la latitud geográfica del observador. Una
parte de la lámina es opaca, mientras que las estrellas visibles la
vemos dentro de un marco con forma de elipse, si se hace girar la lámina
superior sobre la inferior, se puede fijar el día del año del mes
correspondiente, además de la hora para observar que estrellas
veremos en ese instante. En los bordes de la lámina superior se
indican las horas del día (en sentido contrario a las agujas del
reloj); dichas horas se han de corresponder con el tiempo universal.
Para nosotros, los habitantes de la Península, debemos sumar 1 hora
en invierno y 2 horas en veranos para conocer la hora civil (reloj de
pulsera). En la misma lámina están señalizadas los puntos
cardinales, el Sur coincide con las 12 horas. Podemos observar una línea
recta que va desde el Norte al Sur, es la meridiana del lugar, y en el
centro de dicha línea vemos una cruz, es el cenit (el punto del cielo
que está situado por encima de la cabeza de un observador).
El Sol, la Luna, los planetas, asteroides y los cometas no se indican
en los planisferios ya que sus movimientos, independientes, no se
corresponden con el movimiento común de las estrellas.
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